La ciudad de Cádiz

Caminando por las callejas, desembocando en las plazas y plazuelas, fotografiando monumentos, descubriendo rincones y singularidades, sintiendo la brisa marina en la cara… todo eso (y más) es lo espera en Cádiz… o en la Tacita de Plata, el apelativo por el que se conoce a esta ciudad, sin que se sepa muy bien el porqué se empezó a utilizar y quien empezó a utilizarlo.

Uno de los más hermosos atractivos que tiene Cádiz (y eso es mucho decir, puesto que tiene muchos) es la hermosa luz que baña su casco, principalmente al final del día… o al comienzo de la jornada, por lo que quizás no sea mala idea levantarse temprano para pasear, sin prisas el Paseo Marítimo; caminar, descalzo, por la húmeda arena de La Caleta, una de las playas urbanas de la ciudad… o continuar hacia el esplendido Castilla de Santa catalina, un momento histórico y un pedazo de Historia de Cádiz.

El día va avanzando… y todavía queda mucho y bueno que recorrer, que visitar, que callejear que fotografiar. Sobretodo, y bajo ningún concepto, habrá que dejar de callejear por los muy castizos barrios gaditanos de Santa María, la Viña o el Pópulo o conocer edificios señeros de Cádiz como las dos catedrales, las ruinas del Teatro Romano, Puerta Tierra (la antigua entrada a la ciudad), el castillo de San Sebastián… o la Torre Gavira, o, más concretamente, la cámara oscura allí instalada y desde la que se puede visualizar la vida que transcurre por las calles de Cádiz…unas calles que merece la pena pasear con un cucurucho de camarones en la mano (se comen como si fueran pipas) o, en su defecto, con una tortilla de camarones.

¿Y nos vamos a ir de Cádiz sin conocer los carnavales? No deberíamos, pues son palabras mayores. Y es que no en cualquier sitio, en cualquier latitud se celebra una fiesta que, durante un mes entero llena de jolgorio las calles de la ciudad con sus chirigotas , cuartetos, coros y comparsas.