Valencia, mucho más que fallas y paellas

Valencia sorprende. Eso es algo que se notará nada más poner el pie en ella. Y es que la capital del Turia se ha hecho moderna sin perder su alma tradicional… al mismo tiempo que ha sabido mantener su tradición haciéndose moderna. Así pues, en Valencia lo mismo se puede gozar de La Lonja, uno de los edificios góticos más bellos de toda España, que emocionarse con las velocidades de vértigo que, al rugir de los motores de la Formula 1, se viven en el Gran Premio que en su circuito urbano (el más rápido de todo el Mundial).

Antaño comercial, cosmopolita y viva, Valencia vivió largos tiempos de oscuridad, de anonimato. La urbe se fue degradando, afeando, apagando. Sin embargo, tuvo suerte. Alguien pensó que no habría mejor lugar que éste para levantar el espectacular complejo de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias. Luego vino el Oceanographic, el mayor acuario de Europa. Después la Copa América, evento mediático que en Valencia hizo las veces de abrelatas, abriendo la ciudad a un mar Mediterráneo al que llevaba décadas, muchas décadas, dándole la espalda. Hoy, una nueva Marina, con sus bares de copas, restaurantes, tiendas, glamour y deporte hace las veces de nueva fachada marítima.

Pero el cambio, la renovación no ha afectado, sólo, a la cara marítima de la ciudad. Tierra adentro, los cambios también han sido profundos, aunque siempre respetuosos con el alma de la ciudad. Ello ha permitido, por ejemplo, recuperar la esencia del centro histórico valenciano de forma y manera que es posible, mientras se contemplan las restauradas fachadas del palacio barroco de Dos Aguas o las gárgolas góticas de la Lonja de la seda… mientras se hace hora para cenar en algún restaurante vanguardista.

Por esta zona de la ciudad, uno no debe dejar de subir a la torre de la catedral, esa construcción a la que llaman El Miquelet. No lejos, el Mercado Central, una verdadera joya modernista, ofrece todo un crisol de aromas y colores… sobretodo en las horas de la mañana, cuando el mercado explota de vida. Paseando bajo la luz que se filtra por su techo acrisolado el visitante no sólo tiene la opción de llenar la despensa. También se puede comprar un ramo de flores o tomar un café.

Hablar del barrio del Carmen es hablar de la Historia de Valencia. Por eso, cuando se ponen los sentidos en el paseo por estas calles, casi se sentirá el suspiro del pasado en la Plaza Madre de Dios, la basílica de la Virgen de los Desamparados… o la plaza de Santa Caterina, donde espera una deliciosa horchata en la horchatería El Siglo. Bon apetit… diez mil obras de obra custodiadas en el Instituto Valenciano de Arte Moderno IVAM esperan.