La Sierra de María

La Sierra de María se sitúa al norte de la provincia de Almería en lo que fue el antiguo marquesado de los Vélez y fue declarado Parque Natural protegido en el año 1987.Situada en tierras del antiguo marquesado de Los Vélez, la Sierra de María es un sólido y aislado macizo montañoso situado al norte de la provincia. Con una historia que habla de esta comarca como tranquilo lugar de paso, pocos son los que, aún hoy en día se deciden a dejarse caer por aquí para conocer el lugar.

Cuajado el entorno de pueblos blancos y luminosos, naturaleza y presencia humana han tenido una histórica relación de convivencia serena y natural. Nacidos estos riscos en tiempos del Jurásico –de varios millones de años después datan los huesos del polémico Hombre de Orce, unos restos fósiles óseos hallados en la zona y de controvertida calificación humana-, el recorrido por el territorio transcurre entre bosques de pino rodeno (autóctono de aquí) y carrasco, anillo verde que enmarca las laderas de los altos farallones de piedra habitados por azores, gavilanes, águilas, búhos reales y otras rapaces. Una vez llegado al territorio, no faltarán zonas por las que perderse. Pero, antes de decidirse, para hacerse una idea completa de la zona, no estaría de más pasarse a las afueras de la población de María (pueblo) por lo que es el santuario de la Umbría de la Virgen. Centro de peregrinación de la zona, los exteriores del templo son un excelente mirador sobre el territorio serrano.

Allí mismo hay unos paneles que describen rutas por la zona. Ya para empezar, y desde allí mismo, es posible desaparecer en la espesura de un pinar cercano para, a su través, llegar a parajes en los que crecen encinas centenarias, arces y mostajos. El camino está balizado, por lo que no será difícil llegar a las dehesas de La Alfaguara y Alamicos. El paseo es delicioso.

Durante este paseo la vista educada –es posible que el urbanita, poco ducho en árboles que no sean acacias o plátanos, encuentre alguna que otra dificultad en distinguir las diversas especies arbóreas que el espacio pueblan- irá descubriendo pinos carrascos de repoblación (de corteza gris y pringosa); de rodeno, de crecimiento salvaje y alocado y raíces hundidas en la piedra y, de tanto, en tanto, escondidas en la umbría de los barrancos, restos del frondoso encinar que, antaño, pobló todas estas tierras. Ya se sabe: la ardilla que era capaz de atravesar España saltando de encina en encina.

Y para después de tanta caminata, los pueblos de la zona bien que merecen unos paseos, empezando por Vélez Blanco y Vélez Rubio, ambos cuajados de recoletos rincones.