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Hoteles en Trevélez

La Alpujarra

Imitando al hispanista inglés Gerald Brenan, que, allá por los años 20 del siglo pasado, recorrió los cerros y montes de La Alpujarra, comarca compartida por las provincias de Granada y Almería, el viajero comienza su recorrido desde el pueblo pesquero de Adra, en Almería. Así comenzará su viaje, desde la costa hacia el interior, hacia escarpados parajes en los que cuelgan pueblos al más puro estilo árabe, con caseríos urbanos dibujados en calles blancas y empinadas.

Alhama de Almería, puerta de entrada a la Alpujarra almeriense, surge en el camino con su cantar de fuentes y su balneario de San Nicolás, levantado sobre las ruinas de unas viejas termas árabes. Un vestigio hispano musulmán que se suma a la cuadrícula callejera del pueblo y, allá arriba, coronando el cerro, el castillo nazarí de los Castillejos que, en una imaginaria línea recta que pudiéramos dibujar en el cielo, conecta visualmente, con las fortalezas de Marchena y Castillo de Mondújar. Es una suerte de muralla que, en dirección este/oeste atraviesa la Alpujarra (o Alpujarras, que también se utiliza el plural para nombrar el territorio) y protege un territorio tan arisco y montañoso que sirvió a Boabdil, último rey nazarí, de lugar de exilio interior… antes de marchar hacia el exterior. Quien en Granada fue derrotado, fue deportado por los Reyes Católicos a la cercana Laujar de Andarax, en plena ruta a la que llaman de la naranja y la uva. Cuando se circula por las carreteras del territorio se descubre el porqué de la denominación: hectáreas y más hectáreas sembradas de naranjo y vid. Luego, ya en el casco urbano, merece la pena preguntar por el nacimiento del río Andarax. Queda a las afueras, en un paraje particularmente hermoso.

Tierra de hierba, pendenciera, fortificada o sierra blanca. No son pocas las traducciones que se le han dado al topónimo Alpujarra. Aunque haya dudas al respecto, en lo que no hay confusión es que todos podrían ser acertados (no hay más que ver fotografías del territorio o leer algo de Historia del mismo para comprobarlo) y de que es palabra de origen árabe… origen árabe también extensible a los modos de vida y formas arquitectónicas que se van hallando según se van recorriendo los parajes de la ruta, antes y después de volver a detener la marcha en la población de Ugíjar (la misma que los andalusíes llamaron Uxixar de Albacete). Viendo la difícil accesibilidad del lugar no es difícil imaginar el porqué aquí se levantó uno de los que fueron castillos más poderosos del territorio, hoy desaparecido. Sin embargo, llegar aquí y dejar que los pasos descubran deliciosos rincones urbanos como la plaza de los Caños, la fuente del Arca o la calle de los Méridas.

Se vaya por donde se vaya, se mire por donde se mire, todo aquí es herencia andalusí. Se esté en Ugijar, o se esté en localidades vecinas cómo Válor, Mecina Alfahar… o Yegen, el pueblo más internacional de toda La Alpujarra gracias a que el escritor, e hispanista, inglés Gerald Brenan vivió aquí entre los años 1920 y 1934. La llamada Casa del Inglés, su casa, entonces, es visita obligada para los turistas y viajeros ingleses que se dejan caer por la zona.

Atravesando valles

Los valles de los ríos Mecina, Guadalfeo y Trevélez van marcando el dibujo de la ruta hacia, precisamente, el pueblo de Trevelez, población que escalona su fisonomía hispano árabe en sus barrios Bajo, Medio y Alto. Merece la pena dedicar un buen rato a pasearlos, lo mismo que, si se dispone de ganas y unas tres horas que dedicar a la naturaleza, a tomar el camino que lleva al nacimiento Trevélez. Si se toma esta decisión, quizás sea cuestión de plantearse hacer noche en la localidad –no faltarán oportunidades- y continuar ruta al día siguiente, una ruta en la que los atractivos se seguirán escalonando: las localidades de Mecina Fondales, Ferreirola, Pitres, Capilerilla y Atalbéitar; la espectacular vista del barranco del Puente de Mecina Fondales; los baños termales de Panjuila en Ferreirola… Así hasta llegar a Capileira, pueblo que luce su blanco caserío con una intensidad como pocos, sobre todo después de que una tormenta deje un cielo límpido y soleado. La cercanía de Sierra Nevada, con sus cumbres y laderas vestidas de blanco, tiene mucho que ver con este brillo.

Entre olivos centenarios, la ruta llega a Lanjarón, lugar conocido por sus aguas minerales y balnearias, las ruinas de lo que fue impresionante castillo y por ser la puerta granadina de la Alpujarra. Ya sólo queda llegarse hasta el pueblo de Dúrcal y regalarse alguno de los platos típicos de la localidad como el puré de castañas, el remojón de naranjas agrias y patatas o las croquetas de chocolate. Fin de trayecto.

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