Málaga

Si hay algo que sorprende al viajero que llega a las calles de Málaga, es la mucha vida que corre por la ciudad que vio nacer a Picasso. Entre gente amable, y buen ambiente, el recorrer por el centro histórico de la ciudad, es actividad sumamente agradable. Así, dejando que los pasos decidan el destino, el viajero no tarda en dar con la catedral de la ciudad, levantada sobre el mismo solar en el que estuvo la mezquita en tiempos de dominio hispano musulmán en la ciudad. No lejos, el Museo Picasso es visita imprescindible. Situado en una recoleta calle de pavimento empedrado, en el interior del Palacio Bellavista, el viajero descubre una parte esencial del pintor en las salas que quedan al final de un delicioso patio de naranjos. A dos pasos de aquí, en la plaza de la Merced, la casa en la que nació Picasso ha sido reconvertida en sede de la Fundación Picasso. Descubierto y explorado el museo, le queda al viajero la aventura de perderse por las calles de la Málaga histórica, de la ciudad tranquila y, a la vez, llena de vida, plagada de calles peatonales y tiendas de todo tipo de mercancía. No sería mala idea el dejarse llevar sin rumbo, pero si el lector es viajero que necesita organizarse, bien que podría inclinarse por estos recorridos –a poco que tenga tiempo, podrá hacer los dos-. El primero de ellos arrancaría desde la estatua del Marqués de Larios para dirigirse, después, hacia el Paseo del Parque, el Palacio de la Aduana, el Ayuntamiento y la célebre plaza de toros, el coso que tanto inspirara la obra de Pablo Picasso. Para completar el segundo de los recorridos aquí propuestos habrá que regresar a la misma estatua del marqués que ya conocemos del primer recorrido. Desde allí, y marchando ahora hacia la catedral, el viajero/caminante, dará con el Palacio del Obispado y el Pasaje de Chinitas. Desde allí, el viejo teatro romano y la Alcazaba quedan a tiro de piedra. Hasta aquí queda, digamos, las propuestas para el turista. Luego, si uno se siente viajero y quiere impregnarse del modo de vivir de las gentes de los lugares que visita, será menester que se dirija a la calle Larios, el lugar en el que los malagueños expanden y expresan gran parte de su vida social. Aquí verá el viajero a los lugareños paseando su calle de arriba abajo, de abajo a arriba, haciendo sus compras en los muchos comercios que, cada día, abren sus puertas aquí y allá; compartiendo con estudiantes universitarios y extranjeros la experiencia de sus compras en las decenas de comercios que se abren paso en cada esquina, o del tapeo que espera en las muchas tabernas tradicionales de la zona. Luego, al final de la calle, la Plaza de la Merced espera, eterna, con sus restaurantes y cafés.