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Cangas de Narcea y el Monte de Muniellos

Monte de Muniellos es Reserva Biológica desde el año 1973 –una de las primeras, por lo tanto, que se crearon en España-, este bosque tiene la peculiaridad de ser el mayor robledal de toda España y uno de los mayores de cuantos se conservan en Europa. Más de 2.600 hectáreas, casi exclusivamente dedicadas al roble albar -si se exceptúan algunas manchas de rebollos, abedules y hayas- más los frondosos bosques de ribera que acompañan el curso de los tres ríos que surcan el bosque.

Lo de convertirse en reserva biológica es lo que mejor que le pudo ocurrir a Muniellos (y a los bosques del entorno) para mantener su virginidad. Se acabaron las talas, se acabó la caza, y la vida rebrotó hasta convertirse en un excelente refugio de fauna salvaje, empezando por el oso pardo, que viene aquí a cebarse con las bellotas que caen en otoño, o el urogallo. Eso si, no se espere encontrarse ni con uno ni con otro. Ambos son extremadamente huidizos, especialmente en lo que a encuentros con el ser humano se refiere.

Lo dicho, atrás quedaron las talas salvajes que, sobretodo para responder a las necesidades de la industria naval, se practicaron en Muniellos por siglos. Desde la prohibición de ejercer el oficio de leñador en lo que hoy es reserva, el roble se ha ido desarrollando en formas salvajes, exuberantes, cubriendo todas las laderas umbrías del valle… compartiendo la solana con otros árboles de hoja caduca con los que, llegado el otoño, conforman una paleta de color de sugerentes tonos rojos amarillos, limones, naranjas… todo un hermoso espectáculo visual.

Junto al caserío de Tablizas de Muniellos, en el término municipal de Cangas de Narcea, la caseta de los guardas marca el lugar desde el que parten diversos recorridos balizados por la reserva. Han sido trazados con mucha inteligencia, con lo que se ha conseguido ofrecer una oferta senderista de lo más variado: emboscadas por senderos solitarios, plácidos paseos siguiendo el cauce de los ríos…¿El requisito para disfrutar de estos paseos? Hay que tener permiso previo.

Aquí y allá, un grupo de acebos que enciende sus hojas verde oscuro con el rojo intenso de sus arándanos; los pajarillos revoloteando entre los robles; el musgo, trampa que atrapa el rocío de cada mañana… en definitiva, sensaciones intensas, oxígeno puro y aires de bosque que llenan el alma de este trocito de paraíso.

Ah! dos consejos. Uno. Siguiendo la carretera que va de Moal a San Antolín de Ibias, hacia el puerto de Connio, el robledal acompaña la subida, al tiempo que un delicioso mirador espera arriba. Y dos. En la vecina localidad de Llamas de Mouro se sigue conservando el curioso quehacer alfarero de la cerámica negra. Se recomienda pasarse por uno de los talleres que quedan activos…y disfrutar con lo que son capaces de hacer manos sabias en el viejo oficio del alfar.

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