La Olla de San Vicente

Cerca, muy cerquita, de Cangas de Onís (Asturias), las piscinas naturales del río Dobra ofrecen una excelente excusa para practicar el senderismo, el baño o el descubrimiento, si es que uno quiere acercase a la poco visitada, y deliciosa, poza de la Olla de San Vicente.

Nacido en los Picos de Europa y afluente del Sella –por lo tanto, de corto recorrido; por lo tanto, poco conocido-, el río al que los celtas llamaron Dubrán atraviesa parajes paradisíacos por los que, incluso en temporada alta, será difícil encontrar un alma humana. Eso si, las aguas son tan transparentes como gélidas, por lo que habrá que ir con mucha inicitativa antes de darse un más que refrescante baño. Habrá que caminar unos tres cuartos de hora antes de llegar a la Olla de San Vicente, un hermoso lugar en el que crecen avellanos, alisos y tilos.

¿Nos ponemos en marcha hacia un lugar delicioso en el que tomarse el bocadillo? Pues habrá que salir, desde Cangas de Onís en dirección al Puerto del Pontón. A unos seis kilómetros, tras dejar atrás un pueblecito llamado Tornín, el viajero encontrará un restaurante. Será el lugar en el que habrá que dejar el coche y, entre un puente de piedra (que dicen romano), cabañas, praderas y cascadas, por una cómoda pista que, pronto, se convierte en cómodo sendero, se llegará al lugar indicado. Sin bifurcaciones y ramales no tiene pérdida.