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Hoteles en Boí Taüll

Vall de Boi, naturaleza y arte de la mano

Saliendo desde Lleida en dirección norte, la carretera N-230 y el río Noguera Ribagorzana caminan en paralelo y lo hacen hasta que, en el desfiladero de Sopeira, ya en la comarca de la Alta Ribagorza, encuentran el monasterio de Alcón, una singular joya románica. Cuando el viajero llegue a este lugar, ya sabrá que se encuentra a las puertas del Vall de Boí. La ruta prosigue y descubre elementos como los restos del abandonado pueblo de Aulet que, cuando el embalse de Escales tiene sed de agua, deja descubrir sus tejados y torres. Antes de llegar a Pont de Suert, un nuevo hito arquitectónico demanda una parada: la ermita de Ntra. Sra. de Rocamora, del siglo XII.

Hace más de ochocientos años, canteros con claras influencias lombardas –cuando no lombardos ellos mismos- levantaron, a lo largo y ancho de la comarca, altos campanarios de estilizadas y ligeras formas. La iglesia de Santa María, ubicada en Pont de Suert y hoy habilitada como Casa de Cultura, es un buen ejemplo de los templos entonces edificados. Se puede visitar antes –o después- de haber paseado por el delicioso casco urbano abrazado entorno a las plaças Mercadal y Major. No menos atractivos, sobre todo para aquellos aficionados al deporte de la bicicleta de montaña, son los más de doscientos kilómetros de pistas para bicicleta de montaña trazados en los alrededores. Por no hablar de las muchas posibilidades fluviales que permiten las aguas del Noguera Ribagorzana: pesca, vela, piragüismo, etc, o del sinfín de cañones de la comarca, atractivo natural que hasta aquí trae a muchos barranquistas. Y es que, seguir el curso de este río, y de sus afluentes, es empaparse (no es necesario que se haga en un sentido literal) de esas aguas que manan de esos circos glaciares tan característicos de esta montaña. Todo este valle nació de un gran glaciar de la Era Cuaternaria.

Hacia el valle de Durro el viajero habrá de tomar un desvío que, a la salida de Pont de Suert, señala: a Cardet. Pequeño núcleo de montaña, cuya vida –y la de sus pocos habitantes- sigue arremolinada entorno a su iglesia de Santa María, templo al que hay que acercarse por dos razones. Primero, por ser el único de toda la comarc, con una espadaña de tres ojos; segundo, porque desde su ubicación se obtendrán unas excelentes fotografías.La entrada a Vall de Durro queda cerca, aunque antes habrá que hacer una parada en Barruera, centro administrativo de la zona y sede del Patronato de Turismo de Vall de Boí. Detener la marcha aquí permitirá hacer acopio de folletos e informaciones varias, además de recorrer un casco histórico muy bien conservado, algo que (como el viajero podrá comprobar) es norma en todo el valle. Otra parada, esta vez en Vall de Durro, pueblo de angostas calles con el trazo adaptado al perfil de la montaña en la que se asienta (o sea, con cuestas). De nuevo, la cámara de fotos tendrá su protagonismo. Y no podrá ser de otro modo, si se tiene en cuenta que este en el que ahora se encuentra la ruta, es lugar de humildes viviendas que, a su vez, son genuinos ejemplos de la arquitectura rural prototípica del valle del Boí, con rejas de hierro forjado, chimeneas, balcones, aleros de madera y tejados de pizarra. Esta estampa podrá verse repetida en otros núcleos del valle, como Erill la Vall, aun cuando, en este caso, el pueblo presente un aspecto claramente remozado que le da un cierto aire de escenario natural cinematográfico. Se dice que el campanario de la iglesia de Erill, construido en el siglo XII bajo la advocación de Santa Eulàlia, conforma, junto con los de Sant Joan de Boí y Sant Climent de Taüll, una línea perfecta que se prolongaría, en el espacio, hasta la misma…Roma (si, la capital de Italia).  El pueblo que da nombre al valle, Boí, tiene un pequeño casco urbano, laberíntico y tortuoso, una suerte de viaje al medievo y puerta de entrada al Parque Nacional d'Aigüestortes i Estany De Sant Maurici y que, sabiamente, obliga a dejar el coche en un aparcamiento que hay a la entrada de la localidad; población que, en los meses de invierno, suele ser también la localidad de referencia para los esquiadores que tienen comodestino la vecina estación de esquí de Boí-Taüll. Taüll es la localidad final de ruta que queda a escasos tres kilómetros de Boí, carretera arriba. Pueblo pequeño alineado entorno a la carretera en el que sobre los tejados de sus viviendas destacan dos de los mejores ejemplos del románico construido en el valle. Se trata de Sant Climent, en la misma entrada del pueblo (siglo XI y XII y con un sublime Pantocrátor) y Santa María (siglo XII), cuyas policromías originales fueron literalmente arrancadas de los muros –aunque merece la pena deleitarse con las copias que las sustituyen-. Esquí y baños termalesLa misma carretera que lleva a Taüll es la que lleva a estación de esquí de Boí-Taüll, la cima más alta esquiable de los Pirineos. Las características climatológicas de la zona, frías y rigurosas durante gran parte del año, y con la mayoría de las precipitaciones en forma de nieve, aseguran unas magníficas condiciones para la práctica de deportes de invierno. Esto, junto con su orientación norte, convierte a Boí Taüll en una de las estaciones de esquí con más cantidad de nieve asegurada, durante una gran parte del año, de todo el Pirineo. ¿Y si, después del esquí, el esquiador/viajero se da un capricho para sus músculos?. Pues lo tiene fácil, no tiene más que acercarse a la localidad termal de Caldes de Boí, en la cabecera del vall… a nada menos que 1.470 metros de altitud. Localidad balnearia desde 1732, aunque ya antes se conocían las propiedades beneficiosas de sus aguas, la estación termal se nutre de las aguas mineromedicinales de treinta y siete fuentes cuya temperatura oscila entre los cuatro y los cincuenta y seis grados de temperatura.

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