Qué ver en Badajoz

Rodeada por el río Guadiana descansa la parte más antigua de Badajoz, una ciudad pequeña que esconde en sus piedras la historia de siglos de aventuras y desventuras, de guerras contra los vecinos portugueses y de expediciones a nuevos mundos. Una ciudad que habla del paso del tiempo, aunque puede ser que en alguna de sus plazas, parezca que este se haya detenido.

Uno de los imprescindibles de Badajoz es la Alcazaba, levantada por los árabes en el Cerro de la Muela, para controlar desde allí el paso de alrededor de la ciudad. La imagen amurallada que se puede ver a día de hoy y que está declarada como Monumento Histórico-Artístico, se debe a una reforma almohade del siglo XII. Dispone de tres puertas principales a las que se accede a un recinto en el que encontraremos diversas torres, en las que destacan la del Ahorcado, la de las Siete Ventanas, la del Espantaperros y la del Alpéndiz. Aquí dentro se puede visitar el Museo Arqueológico Provincial, el cual ocupa el palacio de los Duques de la Roca.

Fuera de Alcazaba, destaca la plaza Alta, la más antigua de la ciudad, porticada y con unos dibujos geométricos en blanco y rojo que los recorren. En este emplazamiento, uno de los más bellos de Badajoz, tiene lugar cada año la famosa fiesta LGTB promovida por el Gran Wyoming, la Fiesta de Los Palomos, un ejemplo de tolerancia y multiculturalidad que llena de vida esta ciudad extremeña. Desde esta plaza, cruzándola, se descubre otro de los monumentos más destacados: la Torre de Espantaperros, que forma parte de la Alcazaba. Esta sirvió de ejemplo para que se construyera posteriormente la Torre de Oro de Sevilla. No es el único edificio relacionado con Sevilla, ya que existe una reproducción de la Giralda. Data del siglo XX y es de estilo regionalista andaluz y la imita, aunque en su parte más alta hay un Mercurio y no una Fe Victoriosa. Desde la plaza Alta también se puede descender hasta Plaza de Santa María donde se localiza el Museo de la Ciudad Luis de Morales.

Asimismo, no hay que dejar de visitar la Plaza España, donde se localiza la catedral de Badajoz, una construcción sobria, de aspecto fortificado con una torre de gran altura, rematada con almenas, ya que al ser tierra de frontera, Badajoz ha sido concebida durante toda su historia para la defensa. Con este fin cuenta también con baluartes como el de Santa María o de la Laguna y el de la Trinidad, ambos protagonistas de la guerra en 1812 durante la Guerra de la Independencia. Para una buena vista, se puede uno acercar hasta los jardines de la Legión. Tampoco hay que abandonar Badajoz sin acercarse hasta el Guadiana para llegar a la Puerta de Palmas, el símbolo de la ciudad, parte de la antigua muralla. Es un arco conmemorativo y justo enfrente está el puente de Palmas.

Badajoz es también sinónimo de gastronomía. Es un destino gastronómico de primer orden. Como ejemplo sus jamones, sus ibéricos, sus quesos, sus migas, sus aceites y sus vinos. En la provincia existen hasta seis Denominaciones de Origen e Indicaciones Geográficas Protegidas. Igualmente cuenta con un restaurante con estrella Michelín. Para tapear nada mejor que la Plaza de España y alrededores, con un gran número de bares con productos de la zona.