La torta de Casar

Cuando uno oye por vez primera hablar de la Torta del Casar, normalmente tiende a pensar que este alimento, elaborado en la población de El Casar de Cáceres, a tiro de piedra de la capital de la provincia, es algún tipo de pan. Gran error, pues se trata de un tipo de queso, en este caso, un queso para untar en pan; a ser posible, en una rebanada de pan de leña.

Queso cremoso encerrado en una corteza semidura de tonos dorados, es este un lácteo cuya zona de Denominación de Origen se extiende por el territorio que queda enmarcado entre la Sierra de San Pedro y el límite provincial con Badajoz. Zona tradicional de la oveja merina, animal del que se obtiene la leche necesaria para elaborar este producto, el queso de la Torta del Casar es claramente identificable por su pasta, entre blanca y amarillenta, que, al cuajar con cardo vegetal, regala, en boca, un suave amargor.

Con respecto a la Historia de este queso, hay que remontarse al año 1291. Es entonces cuando un Privilegio Real del rey Sancho IV otorgó a la aldea del Casar una tierra a su alrededor para que el ganado, propiedad de los lugareños, pudiera pastar allí libremente. Por diversos documentos de aquella época sabemos que, por aquel entonces, la Torta del Casar, sirvió como forma de pago, lo que puede dar una idea del valor que ya se le daba a este manjar untuoso. Sin embargo habrá que esperar algunos años (y siglos), en concreto hasta 1791, para encontrar a este queso de oveja mencionado por su nombre (Queso de oveja del Casar de Cáceres) en un documento oficial. En concreto esto acontece en los Interrogatorios de la Real Audiencia.