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El mejillón de Galicia

Por diferentes excavaciones llevadas a cabo en diversos castros de la costa gallega, sabemos que los gallegos (al menos aquellos que vivían en la costa) han comido mejillones desde tiempos inmemoriales, lo que también tiene su evidente reflejo en topónimos y paisajes (las bateas –lugares artificiales de cría- están presentes en las rías gallegas).

Recolectado, en un principio –y durante siglos- el mejillón en sus criaderos naturales (o sea, las rocas y los acantilados) no fue hasta el siglo XVII –aproximadamente, a mitad de centuria- cuando el regidor de Santiago de Compostela comenzó a dar concesiones de zonas de recolección a familias. Así, no es hasta el siglo XIX cuando comienzan a ponerse en práctica técnicas de cultivo tales como las de convertir en mejilloneras lo que habían sido abandonados cultivos de ostras. Así fue hasta que en el año 1945 se fondea en, la Ría de Arousa, la primera batea.

Hoy por hoy hay más de tres mil bateas dedicadas al cultivo del mejillón de Galicia, un bivalvo con forma de hacha puntiaguda y gruesa, que puede llegar a filtrar ocho litros de agua a la hora y que, sorprendentemente, tiene un valor nutritivo comparable al que tienen la merluza, la langosta y la mayoría de los animales marinos comestibles.

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