Ibiza, más que marcha

Ibiza es conocida en el mundo por su marcha non stop. Es cierto, para que negarlo. Pero esta isla de luz también es otras muchas, muchas cosas. Por ejemplo las playas del noroeste ibicenco, las mismas que enamoraron a los hippies de aquí y de allá.Las cuevas de En Marçá; la idílica cala de la Xarraca; el pueblito de San Carlos de Peralta, con su mercadillo hippie sabatino y el delicioso licor de hierbas que venden –y elaboran- en el bar Anita, junto a la iglesia…los encantos se suceden y no paran hasta llegar al destino marcado: cala Mastella.Diminuto, íntimo y recogido arenal –en realidad esta lengua de arena no son más que 50 metros de largo por 15 de ancho- las aguas cristalinas que este trocito de litoral bañan son ideales para la práctica del snorkel –buceo con tubo-. Sin duda que este el mejor medio para descubrir la mucha vida que habita en los acantilados del entorno.¿La inmersión ha abierto el apetito? Pues no hay que moverse demasiado para saciarlo. En realidad, nada. Tan sólo hay que sentarse en una de las mesas del chiringuito-restaurante Bigotes –si no se ha reservado previamente, mejor olvidarse de conseguirlo- y esperar a que sirvan el mejor bullit de peix (caldereta de pescado) de toda la isla de Ibiza. Es más, si no se tiene prisa, lo mejor es llegar pronto para asistir al ritual de encendido del fuego y llenado del caldero. Merece tanto la pena…cómo cerrar la comida con un tradicional café caleta, una receta local elaborada con brandy, coñac, la piel de medio limón, la de una naranja, canela en rama, azúcar, café, y unos cuantos granos de café. Bon apetit.