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Caldera de Gairía

Imponente en medio de una inmensa llanura –pese a que sus 461 metros no parecen, a priori, elevación suficiente como para impresionar a nadie- el Monumento Natural de la Caldera de Gairía queda junto al pueblo de Tiscamanita, entre Antigua y Tuineje, en la zona central de Fuerteventura.

La verdad es que tanto por su característica silueta como por su aislada ubicación, esta hermosa caldera volcánica tiene un fácil y cómodo acceso desde el mismo Tiscamanita. Por la calle principal del pueblo, que no tarda en convertirse en camino, cuando las casas de la localidad dejan paso a campos cultivados de aloe vera, el viajero comienza a caminar por una pista de tierra que, en un momento dado, se bifurcará en dos. Es entonces cuando hay que dirigirse a la izquierda, siempre con el cono del volcán dibujado ante los ojos, allá a lo lejos. Ahora, camino de un barranco, los cultivos de aloe vera se han transformado en campos rústicos en los que crece la tabaida dulce, un arbusto característico de estas tierras.

Ya se han caminado 3,1 kilómetros cuando un cartel advierte de que se está entrando en el Monumento Natural de la Caldera de Gairía. A partir de aquí, la pista por la que se camina se dirige, casi en línea recta, hacia la base misma de la caldera.

Alimoches (aquí llamado guirre majorero), lechuzas, aguilillas o ratoneros, cernícalos… Sin duda que, en este paraje, las aves rapaces son la fauna reina del lugar, la cual se alimenta de los pequeños reptiles y mamíferos que viven entre las piedras del cono del volcán y a los que las aves, desde las alturas, localizan sin problemas. Estaríamos hablando, en este caso, de abubillas, calandrias, erizos morunos, etc.

No se sube por el cono del volcán, sino que se circunda por la falda. Así, cuando en el punto kilométrico 4,9 se abandona el espacio natural protegido, la pista continua hacia Casillas de Morales, localidad que es caminada y sobrepasada por su calle central de unos 300 metros, camino de Llanos de Ortega, pueblo con una molina y tres molinos, dos de ellos ya en las afueras y a los que se llega por la (otra vez) pista de tierra.

Toca adentrarse ahora por los llanos de Mafasca, hasta llegar a una gran cruz de madera. Es el momento y lugar éste de desviarse por el ramal izquierdo, hasta llegar a La Corte, barrio de la periferia de Antigua y en el que se conserva otro molino. Y es que, soplando como sopla el viento por estas latitudes, a los ingenios de moliendo se les puede sacar mucho, pero que mucho provecho.

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