Un paseo fluvial en Pamplona

Si el viajero quiere conocer este contraste, no tiene más que dejarse caer por Pamplona y preguntar por el paseo fluvial trazado sobre los márgenes de los ríos Arga, Elorz y Sadar, tres corrientes fluviales que vienen a encontrarse en la ciudad. En total son más de 17 kilómetros de riberas fluviales los que las aguas recorren, ahora, entre murallas, puentes históricos y pasarelas, parques, presas y molinos, granjas y huertas, merenderos, embarcaderos, espacios de pesca, un frontón, un Museo de Educación Ambiental o los Corralillos de San Fermín (donde se encierran los toros de los célebres encierros pamploneses).

La verdad es que resulta gozoso, estando alojados en algún hospedaje de Pamplona, madrugar y dedicar las primeras horas de la mañana a dar un paseo por este lugar entre paseantes, ciclistas, practicantes de remo y pescadores.

Nada más y nada menos que un millón de metros cuadrados que, dan, como se ve aquí, para todo. Curioso este particular ambiente que combina el cercano paisaje urbano con un entorno campestre en el que, junto a granjas y huertos –el paseo fluvial también se extiende hacia otros municipios del entorno de Pamplona- el caminante va descubriendo como la masa arbórea y arbustiva autóctona (fresnos, sauces, tilos y endrinos), convive con un catálogo faunístico en el que no faltan tortugas, peces, patos y cisnes, entre otras especies.

Entre pasarelas, puentes, antiguos molinos, senderos, presas y miradores, el paseo por este parque fluvial es una forma de acercarse a un entorno rural, sin salir del urbano. ¿Conoce el viajero muchos lugares en los que pueda hallar propuesta similar?