Laguardia

Laguardia es un destino para el descanso, para que el cuerpo y la mente entren un estado zen gracias a los paisajes llenos de viñedos y bodegas y a un casco con encanto, en el que la piedra envuelve en sus recovecos al paseante. El vino y la gastronomía harán el resto para que la estancia en esta localidad de la Rioja Alavesa sea muy positiva.

Laguardia es la capital de esta zona. Su localización, a escasos 15 kilómetros de Logroño y 52 de Vitoria, hacen que su enclave sea especial, en un lugar donde la naturaleza tiene mucho que ofrecer y en el que la arquitectura, perfectamente integrada, crea un ambiente relajado. Esta villa medieval amurallada acoge a los viajeros en hoteles de lujo, perfectamente equipados, algunos de ellos ocupando edificios históricos con mucho encanto.

La villa guarda un trazado medieval que merece la pena recorrer a través de sus estrechas calles de piedra que nos hacen viajar en el tiempo. Hay que ver la iglesia de Santa María de los Reyes, una joya del siglo XII en la que destaca su pórtico gótico policromado, así como la iglesia de San Juan Bautista, en la que hay que atravesar su puerta para observar de cerca el altar barroco que cobija entre sus muros. Por supuesto, hay que acercarse hasta el reloj carillón ubicado en la Plaza Mayor, donde nos esperan los autómatas para danzar al ritmo del pasacalles que se toca en las festividades de Laguardia o desplazarse fuera del pueblo para ver in situ los dólmenes prehistóricos de gran importancia y belleza. Además, no hay que dejar de ver el estanque celtibérico, el más grande que se conserva en Europa, que se construyó hace más de 2.000 años para para embalsar las aguas de un manantial que transcurre cerca de Laguardia.

El municipio fue concebido en su origen como una atalaya para vigilar los alrededores y esa función no la ha perdido del todo. Así que, aprovechad su situación para observar las preciosas vistas que ofrece del campo vasco y de los alrededores. Un buen lugar para hacerlo es la Torre Abacial, junto a la iglesia de Santa María de los Reyes, desde la que la visión que tendréis delante os sorprenderá. Igualmente interesante es acercarse hasta el kiosko dedicado al fabulista Samaniego. Desde allí las vistas son más que destacables, sobre todo los días despejados.

Paseando por sus calles, uno se da cuenta pronto de la unión de Laguardia con el vino. La localidad está llena de bodegas y es que este caldo ha marcado la historia del lugar y aún, a día de hoy, es uno de los motores económicos de la zona. En su subsuelo, Laguardia esconde un gran número de cuevas dedicadas a ser bodegas, muchas de ellas con siglos de antigüedad. Si estáis allí, no hay excusa para no visitar una o varias para catar los diferentes aromas y matices de cada vino. Muchas de las bodegas ofrecen visitas guiadas para conocer cómo se hace el vino, cómo envejece en barril, de dónde se saca la uva... Una experiencia para todos los sentidos.