Las Vegas: un oasis en medio del desierto

"Welcome to Las Vegas", uno de los letreros más conocidos y fotografiados del mundo, da la bienvenida a la antigua "ciudad del pecado". La que fuera parada de postas y de los ferrocarriles que cruzaban desde California a Nuevo México, se convirtió a principios de los años treinta del pasado siglo en un espejismo en medio del desierto.

Situada en el condado de Clark, en Nevada, Las Vegas se transformó en la capital del juego, del alcohol... Pequeños casinos y hoteles dieron paso a lo que hoy es un destino turístico que brinda al visitante alojamientos de todo tipo (desde lujosos apartamentos a clubs de vacaciones) y los más variados espectáculos. Y es que Las Vegas ha sabido evolucionar para adaptarse a todos los públicos. Resorts con apartamentos, centros comerciales, restaurantes internacionales, galas de boxeo, musicales, concursos de belleza, galerías de arte, museos..., la oferta ha crecido paralela al bullicio de la ciudad.

Para descubrir qué tiene la ciudad de Las Vegas para atraer a tanto y tan variado público, lo mejor es elegir un alojamiento (apartamentos, hoteles...) cercano al "strip" y recorrer a pie, en el monorrail o en limusina este tramo de Las Vegas Boulevard atestado de lujosos hoteles-casinos, negocios de restauración...

Otra opción es dejarse llevar en una góndola a través del canal comercial rodeado de impresionantes tiendas o disfrutar de los espectáculos que ofrecen los hoteles temáticos: castillos medievales, el circo, ambiente de corsarios o templos romanos; perderse en la Polinesia, en un pequeño París o sorprenderse a los pies de la Gran Esfinge.

Las Vegas es esto y más. Luces de neón, juegos de agua y sonido en la más conocida y visitada de las fuentes de la ciudad, restaurantes giratorios en las alturas... Lo mejor es alojarse en apartamentos o en hoteles de lujo y aprovechar los modernos túneles subterráneos para desplazarte sin sufrir los calores impenitentes de la estación estival. Pero Las Vegas no es solo lujo, casinos y cegadoras luces; a solo cinco horas de viaje, dejando atrás la fabulosa presa Hoover (que abastece a la ciudad), se llega al Gran Cañón, visita obligada, y al monte Charleston, la gran atalaya verde en medio del árido desierto.