La Coupole y otros cafés de Paris

París es una ciudad plagada de cafés, normalmente con sus concurridas terrazas tan características de esta ciudad. Muchos de estos establecimientos se llaman simplemente cafés. Otros, caracterizados por servir comidas más elaboradas, reciben el nombre de brasseries, tipología que, sin lugar a dudas, tiene en el Procope su representante parisino más señero. Y es que corría el año 1686, veinte años después de que el primer café abriera sus puertas, cuando el Procope abrió con el reclamo de que los más pudientes pudieran beber café; por aquel entonces un exótico elíxir reservado a las capas más altas de la sociedad… capas que vieron rodar sus cabezas a resultas de una Revolución Francesa que incubaron en este establecimiento personajes como Voltaire, d’Alembert, Diderot, Rousseau, Danton, Robespierre, Benjamin Franklin, Guillotin (médico a quien atribuyeron falsamente el invento de la guillotina y quien no murió en ella) y Marat, editor del periódico "El amigo del pueblo", apuñalado en su tina de baño en plena era del Terror. El Procope fue ejemplo para otros locales similares que fueron surgiendo, aquí y allá, como por ejemplo, el café La Coupole, el mismo que Henry Millar hizo famoso al convertirse en cliente habitual. Fundado en 1927, el café ostenta su espléndida arquitectura “art déco”, con treinta y tres columnas internas adornadas por pinturas de discípulos de Matisse y Léger. Chagall, Picasso y Dalí.   No lejos, vecino de los bucólicos Jardines de Luxemburgo, el café La Closerie des Lilas puede presumir de haber tenido entre sus clientes a unos tales Picasso, Apollinaire, Cocteau, Dalí, Camus, Buñuel, Colette, Jean Marais, Jeanne Moreau, Hemingway, Cortázar…Otro de los cafés más conocidos y visitados actualmente, por motivos diferentes, es el café des deux molins (café de los dos molinos en Castellano) que se hizo mundialmente conocido tras aparecer en la película Amélie de Jean-Pierre Jeunet. Ubicado en el barrio de Montmatre, en el número 15 de la rue Lepic, son muchos de los curiosos que se acercan hasta aquí. Sin duda, París es una ciudad de brasseries y cafés. No dudéis en sentaros en alguno de ellos en vuestra visita a la capital francesa.