Algunas sugerencias para Versalles (sin palacio)

Seguramente hay pocas formas mejores y más intensas de conocer el alma de una ciudad que visitar su mercado… a ser posible, a primera hora del día, cuando los puestos están aún llenos de mercancía y los compradores (normalmente compradoras, para que nos vamos a engañar) comienzan a fluir. Edificio de elegante estructura de piedra y hierro, cercano a rue du Mariscal Foch, el espacio ha acabado de ser un templo al refinamiento gastronómico…un templo en el que cientos tres puestos compiten en ofrecer las mejores delicias al paladar. No te cortes, pasea por entre los puestos: la presentación tentadora de los productos alegra la vista y excita las papilas gustativas. A la salida, tómate un café en la terraza de uno de los varios cafés que bordean el mercado.¿Satisfecho? Bueno, pues ahora toca volver a salir a la calle y buscar el, no lejano, pasaje de la Geôle, un viejo almacén de vinos, construido en el año 1677, y reconvertido en negocio de antigüedades en el que el viajero curioso –y más, si es amante de los cachivaches antiguos, gozará curioseando entre relojes, cuadros, esculturas, libros, juguetes mecánicos...Un poco más lejos, en el número 7 de la rue des Deux Portes, encontrarás un patio encantador. En su taller-tienda, Pauline Pin vende sus creaciones de bolsos y productos de grandes marcas de moda, como Vanessa Bruno. Al salir, echa un vistazo en Passivi Thé, el salón de té situado a la derecha. La decoración en hierro forjado y las antiguas cajas de té suspendidas en el techo constituyen una verdadera invitación a viajar a lejanos y exóticos lugares. Además, todos los sábados, los aficionados a la poesía se reúnen allí para recitar versos.¿Tienes hambre? Antes de visitar el palacio (y cuyo relato dejaremos para próxima ocasión… por merecer el sólo un espacio exclusivo) bien podría el viajero dirigir sus pasos, dándose un capricho, a la Brasserie du Théâtre, una cervecería de principios de siglo (XIX) situada en la rue des Réservoirs. Rodeado de las imágenes dedicadas de los muchos actores (franceses, la mayoría, que han comido el local vecino del famoso Teatro Montansier -conserva su sala azul y oro desde el siglo XVIII-) podrá degustarse genuina gastronomía francesa en un almuerzo en el que habrá que poner colofón en otro local de los alrededores: Les Colonnes, plaza Hoche. Ubicado en plaza Hoche, aquí se hallarán las delicias de un artesano confitero especializado en la fabricación de peladillas y chocolates desde hace unos treinta años. Entrar en este universo azucarado y organizado con gusto ofrece una estampa del espíritu tradicional de Versalles. El Palacio espera.