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Hoteles en Narbonne

Narbona - Narbonne

Ubicada al sur de Francia, en el lado este del país, en el canal de la Robine, esta localidad occitana es un tesoro por descubrir. Si uno se acerca descubrirá no solo un amplio arenal casi salvaje bañado por el Mediterráneo, sino también un casco antiguo que merece la pena recorrer de arriba a abajo para descubrir sus más de 2.000 años de historia. Una parte de Francia que nos invitará a pasar varios días en ella para conocerla y saborearla y a la que además desde hace poco, existe la posibilidad de ir en AVE desde España, lo que facilita la escapada.

En el centro de la localidad más nos vale que nos calcemos unas zapatillas cómodas para hacer turismo por los principales puntos de interés. Uno que no nos podemos perder es la Catedral Gótica de San Justo y San Pastor, un impresionante templo de más de 40 metros de altura que tiene la peculiaridad de que aún está inacabado. Eso no le quita un ápice de interés ya que alberga auténticos tesoros como la capilla axial de Notre Dame de Bethléem, su claustro o sus vidrieras. Tras salir de la catedral un corto paseo nos conducirá a otros edificios con encanto, el Palacio de los Arzobispos. Hay que señalar que Narbona fue un enclave medieval de gran importancia, de ahí la riqueza de sus construcciones. Este edificio está constituido por el Palacio Antiguo con la Torre de la Magdalena y el Palacio Nuevo, con la Torre de Gilles Aycelin. Se puede subir a ambas torres, aunque accediendo a una de ellas ya os haréis una idea del tamaño de Narbona y podréis observar desde lo alto la belleza de su canal y de su comarca llena de campos de vides. En el Palacio se ubica el Museo Arqueológico de Narbona, una colección que nos retendrá unas horas en sus salas.

Otro indispensable de Narbona nos lleva de la mano hasta época romana. Se trata del Horreum, un labertinto subterráneo de almacenes que nos sumerge en las profundidades de la historia de esta localidad francesa. Se puede entrar en el número 7 de la rue Rouget-de-Lisle, en donde se accede a un antiguo depósito de aceite y vino. Para ver más restos romanos, en la plaza del Ayuntamiento nos espera un fragmente de la Via Domitia, descubierto en 1997 y que a día de hoy está al aire libre para que lo podamos visitar.

La zona del Canal de la Robine es otro espacio que hay que visitar. Está declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO y atraviesa la ciudad, siendo su eje principal. Se pueden recorrer sus orillas en las que siempre hay ambiente de gente leyendo, corriendo, jugando o simplemente charlando y cruzar sus puentes. Asimismo existe la posibilidad de hacer paseos por el canal en barca para conocer la ciudad desde un punto de vista diferente. A través del canal también se puede llegar a un lugar que gustará a niños y mayores: la Reserva Africana de Sigean, donde habitan miles de animales en semilibertad.

A su rico patrimonio hay que sumar sus más de 5 kilómetros de playa de arena fina, con condiciones semisalvajes, en las que hay también un puerto de recreo para embarcaciones privadas. Además en época alta, la playa cuenta con animación infantil.