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Los zocos de Marrakech

Los emporios, unos de mayor tamaño y riqueza que otros, venden todo tipo de objetos, tal y como denota el colorido de las imágenes y los mil aromas del ambiente. Aquí hay un poco de todo, desde artículos del tipo babuchas, chilabas o fuentes de latón, a especias y útiles de hierro utilizados en la preparación de conjuros; por no hablar de la venta de alfombras en el Criée Berbère -un dédalo de corredores techados y poco iluminados que, en otro tiempo, fue mercado de esclavos-; los puestos de algodón, ropa, caftanes y mantas en esa red de callejas llamada Kissaria; o (atención a las cámaras de fotos, que no dejarán de disparar aquí) el Souk des Teinturiers o zoco de los tintoreros, fotogénico lugar que ofrece una estampa maravillosa, con sus piezas de lana teñidas y puestas a secar.

A pesar de ser Marrakech una ciudad de mucho turismo, y de que los propios zocos son lugares de atracción para el turista, no es menos cierto que este lugar es un lugar auténtico; un lugar en el que se encuentra uno con el auténtico Marruecos, con un lugar en el que se venden todo tipo de mercancías en medio de todo un lenguaje para los sentidos -colores, reflejos, aromas, texturas, vocerío, sonidos…-; en medio de un ajetreo frenético en el que caben bicicletas, motos, carros, burros, coches, camionetas… y todo lo que quepa por estas callejas.

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