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Picos de Europa

En total más de setecientos kilómetros cuadrados –es el parque nacional más extenso de toda España- tiene, según las mediciones que han realizado los geólogos, más de trescientos millones de años de antigüedad… lo que puede dar una idea de lo mucho que ha visto este paisaje que, repartido entre las comunidades autónomas de Asturias, Cantabria y León, es agreste paisaje; de altivas montañas; desafiantes agujas; profundas gargantas horadadas por aguas que, mismamente, parecen ser el más puro y limpio de los cristales; frondosos bosques; simas que superan los mil metros de profundidad; suaves praderas… Quien guste de buscar, lejos de la ciudad, esa carga de aire puro que le permita seguir con su, monótono –y, no pocas veces, angustioso- día a día saldrá más que satisfecho de su escapada a los acierten a elegir la comarca como lugar de escapada. Y lo mismo puede decirse de quien guste de, aprovechando sus viajes, empaparse de historia, de tradiciones. Y es que de todo ello –y, aún más- hallará en los siglos de historia que contemplan a pueblos, templos, cabañas de pastores, senderos que enlazan valles. Pero vayamos por partes, cómo diría Jack el Destripador.

Picos de Europa (cántabros)

Aún cuando, en un principio, el entonces llamado Parque Nacional de Covadonga tan sólo englobaba tan sólo los Picos de Europa de León y Asturias, finalmente acabaría incluyendo a la parte cántabra. ¿el porqué del postrero añadido? Seguramente, por encontrarse aquí uno de los corazones del parque: el valle del Liébana.

Situada esta comarca en la parte más occidental de Cantabria –no en vano, la carretera que llega hasta allí es un continuo entrar en Cantabria para salir de Asturias… y viceversa-, el valle está encajado entre montañas de más de dos mil metros de altura. De bellas y accidentadas estampas, los Picos de Europa (cántabros) tienen en la localidad de Potes su corazón. Sin embargo, antes de llegar a este pueblo, no estaría de más desviarse, a pocos kilómetros del destino. Y es que, a sólo tres kilómetros de Potes, se encuentra el monasterio de Santo Toribio de Liébana y que, según la leyenda, custodia el pedazo más grande de la cruz en la fue cruficado Jesucristo (el Lignum Crucis).

Volviendo a la carretera, Potes queda algo más arriba. Villa de singular encanto, donde confluyen los ríos Deva y Quiviesa. Una vez allí, hay que hacer dos cosas. Una es regalarse un cocido lebaniego (eso si, mejor llegar con apetito a la hora de la comida –lo que llegará sobre la mesa será de inapelable contundencia); la otra es perderse por el barrio viejo del pueblo. en el corazón del casco antiguo de la villa de Potes. Este barrio está unido por dos puentes (el de San Cayetano y el llamado de la Cárcel), uno de ellos de vieja arquitectura, posiblemente medieval. Algunas de estas calles conservan aún un típico ambiente de otras épocas, con casas populares, como las del barrio de la Solana. No obstante, el casco antiguo de Potes sigue conservando su aspecto medieval y es uno de los conjuntos históricos monumentales más espectaculares de Cantabria. Casa natal de Jesús de Monasterio. Situada en la calle que lleva su nombre, una placa recuerda que este es el lugar donde nació el ilustre violinista.

El recorrido termina a 25 kilómetros de allí, en el teleférico de Fuente De. Los cuatro kilómetros de ascensión regalan una serie de paisajes de esos que cortan la respiración. Luego, allá arriba, a 2.000 metros, espera el mirador del Cable (a casi 2000 metros de altitud) la majestuosidad de la Cordillera Cantábrica. Es un panorama y una experiencia difícil de olvidar.

Picos de Europa (asturianos)

Creado entorno a la montaña de Covadonga, en 1918, los Picos de Europa (asturianos), se dividen en tres profundos valles: el occidental, entorno a la ya nombrada montaña; el central, en el que se alza el célebre Naranjo de Bulnes; y el oriental, alrededor de la cabecera del río Deba.

Como hay que empezar a describir la ruta por la zona, pues comencemos por el Lago de Enol, un lugar hermoso rodeado de laderas tapizadas de verde pasto y, no lejos, punteado de pequeñas cabañas de pastores en las que, aún, se elabora, de un modo totalmente artesanal, el delicioso queso de Gamonedo.

Bajando por la carretera AS-262, enrevesada en su sucesión de curvas –a medio descenso, la curiosidad llama a hacer parada en el santuario de Covadonga-, se desemboca en la carretera AS-262. Desde allí, se van dejando atrás, sucesivamente, los pueblos de Corao y Beria, antes de llegar a Arenas de Cabrales. Allí la parada es obligatoria. Primero, para probar el célebre queso que allí hacen; y segundo, por empezar allí la célebre Ruta de los Cares (si se quiere hacer, lo mejor sería elegir para ello fechas no veraniegas –entonces se convierte en una verdadera autopista de senderistas y el paseo no es, ni mínimamente, lo encantador que podría resultar-).

Bien podría esta ruta terminar en esta misma carretera, pero algo más adelante, en la villa de Cangas de Onís. ¿Quién no ha visto, alguna vez, la estampa de su puente llamado “romano”, aunque, en realidad, fuera construido en la Edad Media. Su casco antiguo, animado y empedrado, bien merece un paseo por su casco antiguo y empedrado.

Picos de Europa (leoneses)

Quizás sea esta la cara menos conocido de este hermoso y quebrado macizo… por más que los paisajes que rodean a los pueblos de Posada de Valdeón y Oseja de Sajambre sean, sin duda alguna, de las más hermosas estampas de todo el parque.

Rodado de Posada de Valdeón de prados en los que pacen vacas de las que, tras el perceptivo ordeño, se obtiene el afamado queso de Valdeón - un queso de tipo azul, muy similar al queso asturiano de Cabrales-. Capital administrativa del valle del mismo nombre, después de probar el queso (y/o comprar alguna pieza) y recorrer sus calles de arquitectura tradicional, punteada, aquí y allá, de numerosos horreos (muchos de ellos aún en uso), toca recorrer el resto del valle, una serie de pequeños pueblos repartido a lo largo de todo su valle. Por una parte, en lo más alto del valle, destaca en lo más alto tenemos Sta Marina de Valdeón y Prada. A estos núcleos se entra por el puerto de Pandetrave. Si lo que se desea es visitar Calderilla y/o Soto de Valdeón, lo suyo será entrar desde Panderrueda. En ambos casos, los paisajes que se descubrirán desde la ventanilla del coche serán de esos que, una y otra vez, exigen detener la marcha para sacar unas fotos. Ah.. desde este valle comienza la ya nombrada la ruta del Cares….por el lado leonés, evidentemente –valga el mismo consejo arriba apuntado: si se puede, no venir a hacerla en verano, puede uno encontrarse al vecino del 3º. Además, la comarca ofrece otras visitas alternativas e igualmente atractivas, cómo son las localidades y alrededores de Cordiñanes o Soto de Sajambre; o, para quien guste de la navegación, Riaño; por no hablar de los hermosos paisajes que rodean al pueblo de Crémenes…destacando, especialmente, el sabinar de Crémenes, uno de los más occidentales de Europa.

Por último, si lo que apetece es deslizarse con unos esquíes (¿qué puede ser más apropiado en estas fechas? la estación de invierno y alta montaña de San Isidro es la opción para practicar snowboard, esquí alpino y de fondo, escalada en hielo….¿nos vamos de picos?.

DATOS PRÁCTICOS

www.san-isidro.net

www.picoseuropa.net

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