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Hoteles en Parque Nacional de las Tablas de Daimiel

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Parque Nacional las Tablas de Daimiel

La falta de agua a punto estuvo de borrar, para siempre, del mapa estos humedales que en la provincia de Ciudad Real están. Sin embargo, aportes de agua varios –unos llegados del cielo; otros aportados desde la tubería del trasvase- lograron salvar una estampa que, según los viejos del lugar, pocas veces ha tenido un aspecto tan saludable cómo ahora.

Parque Nacional desde el año 1973, las 1.928 hectáreas de superficie protegida, repartidos entre los términos municipales de Daimiel y Villarubia de los Ojos, son todo un canto a la vida… al mismo tiempo que un canto a los sentidos. Último ejemplo que queda en España del ecosistema llamado tablas fluviales (en terreno llano la suma de las aguas de los ríos Guadiana y Gigüela se mueve muy, muy lentamente), Daimel ha vuelto a ser el tradicional refugio de invernada que siempre fue. Entre tarayes –el único árbol que crece en la zona- y carrizales, las láminas de agua ofrecen descanso, alimento y zona de nidificación a un amplio abanico de aves y anátidas: somormujo lavanco, zampullín común, zampullín cuellinegro, garzas, garcillas, martinetes, ánade azulón, pato colorado, silbón europeo, cerceta común, cuchara común, ánade friso, garza imperial, garza real, avetorillo, avetoro… la lista es extensa.

Hábitat de interés prioritario para la Unión Europea, dada su rareza, las Tablas de Daimiel se dejan ser visitadas tanto por aquel que simplemente se aposta en un puesto de observación, con la sana y única intención de ver pasar aves por delante de sus prismáticos, como por aquel otro viajero que se llega hasta aquí con sus botas de monte –y prismáticos- presto a recorrer alguno de los tres senderos balizados del parque: torre del prado ancho (azul), laguna permanente (rojo) e isla del Pan (amarillo). Quizás, este último sea el más interesante de entre todos ellos. ¿Lo recorremos?

Saliendo del centro de interpretación del parque –visita previa e imprescindible- el viajero irá visitando, gracias a una serie de pasarelas estratégicamente ubicadas, algunas de las treinta islas que conforman el parque. En todas ellas –en las pasarelas, se deduce- se han instalado balcones desde los que observar la fauna y flora circundante. Y eso es así hasta llegar a la llamada Isla del Pan, el islote más grande de todos y donde se ha instalado un observatorio de aves y diversos paneles. Llegados a este punto, se ha alcanzado el punto del camino más alejado, por el que no queda otra cosa que regresar. En el retorno esperan paradas tan deliciosas como el paso por el bosque de tarayes, hábitat de piro real, abubilla, carbonero, herrerillo o buho o la isla del Maturro donde, normalmente, hay tanta agua cómo en ninguna otra parte de Las Tablas… o, lo que es lo mismo, el mayor número de aves de todo el espacio, aves que, confiadas, ni se inmutan aun teniendo a escasos metros un ser humano. Ahora el sendero casi ha llegado a su fin, quedando, tan sólo, una última parada en la laguna de aclimatación, donde hay una pequeña representación de varias especies de aves del parque en un recinto cerrado. De aquí al centro de recepción de visitantes, inicio de la ruta, solo quedan escasos metros…Fin de trayecto.

DATOS PRÁCTICOS

www.lastablasdedaimiel.com

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