Ordesa: Parque Nacional y entorno

Ordesa es uno de los lugares más emblemáticos y sorprendentes de la cordillera pirenaica. Siempre ha cautivado a sus visitantes. Desde finales del s.XIX, en sus bosques y alturas se sumergieron los primeros pirineistas amantes de la montaña y de la Naturaleza. Una Naturaleza que ha sido generosa creando un territorio singular. Tan singular que ya en 1918 fue declarado Parque Nacional, adelantándose décadas a lo que después se ha imitado en otros lugares y países.  El actual Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido incluye en sus más de 15000 hectáreas propias y las casi 20000 de zona periférica de protección a los municipios de Bielsa, Fanlo, Puertólas, Tella-Sin, Torla y Broto. Cada uno de éstos, a su vez, formado por un sin número de núcleos muy próximos a la despoblación, sino abandonados. Si algo caracteriza a estas tierras de la comarca del Sobrarbe es precisamente eso, la escasez de habitantes en un entorno natural privilegiado. Donde se encuentran hoteles con encanto que permiten a sus visitantes disponer de numerosas opciones para disfrutar de la montaña, de los bosques, ríos y barrancos… al tiempo que de la paz y del silencio alejado del mundanal ruido urbano. Aquí los hoteles tienen su propio perfume, adaptados al medio en el que se encuentran.  El Parque es un territorio extenso y más heterogéneo de lo que puede parecer a simple vista. Es la suma de unas partes que, en sí mismas, requieren de calma y dedicación para descubrirlas. El valle de Ordesa junto con el macizo de Monte Perdido, los cañones de Añisclo y Escuaín, el valle de Pineta son un crisol de espacios, un “archipiélago” rocoso donde todas sus islas están conectadas por senderos, caminos y rutas para descubrir. Espacios que crean en sus exploradores una amalgama de emociones y piden repetir en distintas fechas.  Cada estación del año modela el paisaje y las circunstancias del entorno mutando las experiencias de quienes lo visitan.

Si el verano se caracteriza por la luz y el calor con un caudal de personas que inunda el parque, sobre todo en la parte más popular de Ordesa y la cola de Caballo, —lo cual hace recomendable reservar el alojamiento con antelación—. El invierno trae la soledad y el frío de las nieves y hielos que atraen a visitantes menos urbanitas y mucho más convencidos de los placeres del medio natural, protegido como este parque desde hace casi un siglo. La primavera llena las laderas del parque de verde y luces radiantes. El otoño pinta el paisaje con combinaciones de colores y sensaciones que dejan huella en el olfato de quienes pasean por cualquiera de los rincones del parque. Disfrutar de estas sensaciones en el porche de un hotel, reservar un alojamiento en la zona permite conocer de primera mano este lugar como ya sedujo en su momento a otras personas.   Quienes aspiran a coronar grandes alturas tienen en esta zona la presencia retadora de las Tres Sorores con los imponentes 3355 metros del Monte Perdido, el Cilindro de Marboré (3328m.) y el Soum de Ramond (3241m.)… Además pueden pensar en atravesar la Brecha de Roland para adentrarse a pie al Parc National des Pyrénées Francés. En su conjunto están catalogados como Patrimonio Mundial de la UNESCO. Modernidad, tradición, aventura, deportes de riesgo, ski de montaña y pasión por la naturaleza hacen de esta zona un lugar excepcional para disfrutar. Porque además, va acompañado una gastronomía arraigada en la tradición, con unos productos de la tierra que dejan su poso en la cocina de los restaurantes y hoteles del entorno… que ha dejado en sus inmediaciones las huellas de la historia para gozar paseando por lugares como Aínsa, Boltaña o Broto, entre otros.