Parque Nacional de Timanfaya

Y es que este parque, que se extiende sobre el sudoeste de la isla de Lanzarote y en el que el hombre apenas ha introducido cambios, es una suerte de naturaleza que permite comprobar como el hábitat es capaz de colonizar incluso terrenos tan asolados como los que quedan tras una erupción volcánica como las que, entorno a los años treinta del siglo XVIII, tuvieron lugar en esta parte de la isla.

Famosa por sus volcanes -Montaña de Fuego, la Caldera del Corazoncillo o la Montaña Rajada son los más conocidos- Lanzarote, que cuenta incluso con su propia ruta de los Volcanes, debió vivir sus últimas erupciones, y de las que surgió la Montaña de Timanfaya, de un modo muy similar a como dejó escrito un cronista de la época: \\\"El día 1 de septiembre 1730, entre las nueve y las diez de la noche, la tierra se abrió en Timanfaya, a dos leguas de Yaiza… y una enorme montaña se levantó del seno de la tierra\\\". Fue la última de las muchas veces que, a lo largo de la Historia, el suelo de Timanfaya se ha abierto… como lo demuestran los más de trescientos volcanes, de mayor o menor tamaño. que puntean el territorio y que, en algunos casos, sirven incluso para cocinar gastronomía volcánica.

Si apetece conocer el territorio, hay un autocar que recorre el parque, en una ruta que se interna por las Montañas del Fuego hasta Montaña Rajada. Luego, desde allí, rodea el islote de Hilario, dejando a la derecha la Caldera del Corazoncillo, las Montañas de Rodeos y de Señalo, el Pico Partido y, más allá, la Caldera de la Rilla. Desde la ventanilla la vista es espectacular, con un paisaje tan bello como estremecedor en el que los volcanes dominan el paisaje inhóspito y desolador, hecho de piedras afiladas como cuchillos.

Zona de Especial Protección de aves, Timanfaya –en realidad, todas las Islas Canarias, como archipiélago de origen volcánico- mantiene su actividad volcánica… lo que permite disfrutar de fenómenos geotérmicos tan espectaculares como los geiseres. Aunque puede ser la misma tierra la que provoque el fenómeno, nada impedirá al viajero provocar su propio geiser. Para ello tan sólo deberá verter agua en una grieta del suelo que desprenda calor. Ésta se transformará rápidamente en calor, alcanzando una temperatura de 120º en superficie… ¡y de 600º a sólo trece metros de profundidad!. Así es Timanfaya, el lugar en el que Manrique se buscó a sí mismo, desnudo y ajeno a todo, en contacto puro con la naturaleza.