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Reserva Natural do Paul do Boquilobo

Reconocida por la UNESCO como reserva de la Biosfera desde el año 1981, la Reserva Natural do Paul do Boquilobo, situada en la confluencia entre los ríos Almonda y Tajo, en los concejos de Torres Novas y Golega, es un paraíso vegetal de características húmedas y mucha riqueza ornitológica que bien merece ser visitado.

Con la visita, cada mes de junio, de miles de garzas y escenario, allá por el mes de febrero, del reposo y alimentación de innumerables ejemplares de ánades rabudos, porrones, carcetas comunes y patos conejo, es evidente que no hay que acercase hasta aquí sin haber tomado la precaución previa de haber medido en la mochila unos prismáticos –y, si se añade una guía de aves para poder identificar lo que se ve, mejor que mejor-.

Santuario ornitológico de importancia mundial, la Reserva Natural do Paul do Boquilobo es un paraje único situado en pleno valle del Tajo, en un territorio en el que el hombre ha aprendido a ganarse la vida criando caballos.

Durante los meses de invierno y primavera, cuando el río llega a alcanzar los seis metros de profundidad, es cuando mejor se puede apreciar la belleza de este paraje en el cual no es elemento menor la extensa red de balsas de drenaje, diques y compuertas construidas para regular el curso del gran río ibérico.

Aisladas estas tierras durante muchos siglos del progreso, y, aún, de una masiva presencia humana, el territorio de la reserva recibe –a veces de forma permanente (como por ejemplo garzas y patos), a veces periódica- la visita de ejemplares de más de doscientas aves migratorias (casi un tercio del total europeo).

Y es que seis kilómetros de río Tajo dan para mucho, tal y como se puede comprobar recorriendo los senderos que acompañan su cauce o atraviesan el parque en todas las direcciones. Dedicar un tiempo a, desde alguno de los miradores habilitados (y camuflados para ello), observar el entorno a través de los binoculares a nadie dejará indiferente.

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