Los segovianos quieren tanto a su santo que hasta le compusieron un villancico… un villancico que, sin esperar a que llegue la Navidad, le cantarán en el trascoro de la catedral, el 25 de octubre. Sin embargo, siendo emocionante e importante el momento para lugareños y forasteros, el comienzo real de la fiesta se remonta a un día antes.

Es entonces cuando cientos de personas se reúnen, ante la estatua que el santo tiene ante la catedral de la ciudad. Allí comparten dos momentos. Primero, la recreación del que llaman milagro del paso de la hoja… esto es, que la imagen del santo porta un libro entre sus manos y, cada año, a las doce de la noche, el santo pasa una página –el libro es de metal y dicen los descreidos que todo es cosa de un mecanismo de metal oculto (ay, de los hombres de poca fe). Terminado el acto, llega el momento de alimentarse: se reparten las raciones de las sopas del santo preparadas por algunos de los mejores cocineros de la ciudad…y en Segovia hay unos pocos.

Al día siguiente, son las deliciosas voces de la escolanía de la catedral las que toman protagonismo…o, más propiamente dicho, una de ellas, la elegida para cantar, al día siguiente, el susodicho villancico. Mientras esto sucede, en el kiosco de la plaza Mayor se recitará el Romance del Santo Eremita.

¿Hace un cordero asado coincidente con la visita segoviana? Si la respuesta es si, mejor reservar antes. Si mucha gente tuviera la misma idea –lo cual resulta probable…por no decir previsible- quizás tenga bastantes problemas para encontrar mesa.

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