​Sobre uno de los extremos del puente romano de Córdoba, en la orilla del río Guadalquivir más alejada de la ciudad, se alza, desde el siglo XIX, la Torre de Calahorra. Fortaleza fortificada y parte del cinturón de defensa sur construido por los árabes, antes de entrar en el interior del edificio, conviene echar una mirada a lo que se ve al otro lado del río. La perspectiva de una ciudad, sobre cuyos Tejados sobresalen los históricos edificios del Alcázar y la Mezquita-Catedral, permitirán apreciar, mucho mejor, lo que se hallará dentro del edificio.

¿Y qué espera tras los muros de la vieja fortaleza? Pues un museo vivo dedicado a Al Andalus y en el que el visitante, auxiliado con unos auriculares, se sumerge en la atmósfera de cultura de aquella sociedad: sus personajes, su sabiduría, su ciencia, su arquitectura y su música.

Y es que, con el objetivo de difundir el esplendor de Córdoba y al-Andalus entre los siglos IX y XII, la Calahorra es un espacio museístico de tres plantas que permite, a través de salas tematizadas y modernos dispositivos, regalarse con la posibilidad sensorial de adentrarse en los principales momentos, hitos y logros del viejo Al Andalus. ¿El tiempo necesario para cubrir la visita? Conviene reservar un mínimo de una hora –eso, si no se queda uno al pase de un interesante documental, de cincuenta y cinco minutos de duración, que narra la historia de la Humanidad, desde sus comienzos…al mañana-.

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