Hasta a quien no le gusta, cuando está en casa, comenzar el día con un café. A todo el mundo acaba por gustar el café que sirven en Roma. Basta para ello con haber probado tan sólo una taza. Y es que en la capital de Italia existen muchos y buenos lugares en los que regalarse con un delicioso café… aunque curiosamente los dos más excelentes se sirven a escasos metros el uno del otro: Sant'Eustachio (Piazza di Sant'Eustachio, 82) y Tazza d'Oro (Via degli Orfani, 13). Ambos dicen ofrecer el mejor café de la ciudad. Estando tan cerca el uno del otro ¿por qué no probar los dos y decidir?

Y es que leyendo datos acerca de la historia y honores recibidos por ambos dos locales, se hace difícil decantarse por uno o por otro (además ya se sabe que para cuestión de gustos están los colores). El Sant’Eustachio Il Caffè, un antiguo tostadero de leña abierto en los años 30 del pasado siglo, ofrece la posibilidad de beber el café en la barra (o sentado en alguna de las mesitas de la terraza) y, de paso, llevarse a casa productos tales como café molido, en grano, caramelos, granos de café bañados con chocolate, trufas de café, barras de chocolate, licor de café, vajilla y hasta cafeteras.

Como queda dicho, a dos pasos de allí, queda otro de esos negocios que parecen haber nacido con la propia ciudad. Y es que, ya desde los años 40 del siglo XX, son muchos los propios y extraños que, cada día, se pasan por la Tazza d'Oro para comenzar el día con el que es el más tradicional desayuno romano: cremoso cappuccino con un delicioso cornetto (algo así como un croissant). Y todo a dos pasos del Panteón… como quien dice. Claro, que si ya se ha hecho de noche (o más bien de madrugada festera) es que es hora de lo que los romanos llaman cornettaro, o sea, uno de esos establecimientos en los que sólo sirven cornettos –una suerte de croissant- y chocolates. Y en esta modalidad nocturna no cabe duda de que el rey de la noche es el Sorchettaro (Cernaia, 49). Su minúscula puerta es la ventana hacia un universo paralelo hecho de crema y nutella (la Nocilla de los italianos). Quien pida una sorchetta doppio schizzo (un delicioso bollo bañado en nata y chocolate) no se arrepentirá.

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