Los pueblos más bonitos del sur de Italia

Italia es uno de los países con más patrimonio del mundo. Cuna de la civilización, esconde en cada rincón un poco de historia. No obstante, lejos de las archiconocidas ciudades como Roma, Florencia, Venecia o Milán, este país mediterráneo dispone de pequeños pueblos llenos de belleza. Alejémonos de las grandes urbes para viajar por el sur de la península itálica en busca de los pueblos más bonitos de la zona.



Sorrento

Podría considerarse ciudad, ya que su población alcanza los 16.500 habitantes, pero hemos querido incorporarla en esta pequeña lista, ya que es un municipio con mucho encanto. Se localiza sobre unos impresionantes acantilados que vigilan el mar desde lo alto para observar el Golfo de Nápoles y el mismo Vesubio. Sorrento se sitúa en la península del mismo nombre y en su costa cuenta con recovecos que permiten disfrutar al 100% de la costa amalfitana. Además, en su casco atesora un pasado que comenzó en época de los romanos. Frente a Sorrento se localiza la isla de Capri, un enclave que merece la pena visitar. Igualmente, otra visita obligada es la que se puede hacer hasta las ciudades de Pompeya y Herculano, un testimonio fidedigno de cómo vivían los romanos en siglo I d.C., que ha quedado parado en el tiempo por la erupción del Vesubio en el 79. d. C.


Alberobello

Esta localidad se sitúa en la Apulia, cerca de Bari, y es famosa por sus “trullos”, pero, ¿qué son los trullos?. Son unas antiguas construcciones cónicas de origen prehistórico, hechas de piedra. Estas construcciones, consideradas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, sin embargo empezaron a usarse en Alberobello en el siglo XIV y hoy son las culpables de que este municipio goce de una imagen bien curiosa. Cuando se camina por Alberobello se van descubriendo por las calles casitas encaladas en blanco con los trullos en la parte superior. Destaca el Trullo Sovrano, un palacio de dos pisos reconvertido en museo y salón social que se puede visitar y la Iglesia de San Antonio.


Atrani

Es considerado uno de los pueblos más pequeños de Italia, ya que no llega al kilómetro de longitud. Pero, como dice el refrán, los buenos perfumes vienen en frasco pequeño y cuando se abre el de Atrani un aroma embriagador inunda el ambiente. Se localiza en la costa amalfitana, encaramado a un paisaje de acantilados en el que se reparten hasta seis iglesias. Tampoco hay que perderse sus cuevas y sus casas de colores. Está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y no nos extraña, ya que es un lugar mágico. El pueblo forma un teatro natural frente al Mediterráneo, una imagen que querréis compartir en vuestras redes sociales, así que no dejéis de fotografiarla.


Positano

No salimos de la costa amalfitana para llegar a otro destino con encanto: Positano. Al igual que Atrani su posición en un acantilado ha dibujado el contorno de un pueblo con una personalidad propia. Sus calles estrechas son aptas para aquellos más hábiles y con buena forma física, ya que están empinadas y en muchas ocasiones llenas de escaleras con un gran número de escalones a los que enfrentarse. Allí, además de turismo cultural, daros un respiro y bajad hasta la playa de Fornillo, una playa de arena negra, que podréis recorrer para descubrir todos sus secretos. A lo largo de su historia, Positano ha conquistado el corazón de muchos personajes como el del escritor americano John Steinbeck, quien lo hizo famoso al otro lado del Atlántico. Para redondear la visita, degustad un rico limoncello, típico de la región.


Ravello

Dicen que desde este pueblo del sur de Italia se disfrutan de las mejores vistas de toda la costa amalfitana. No se ubica directamente en la costa, sino que Ravello está en lo alto de un promontorio que le da la posibilidad de disfrutar de esa panorámica. Su principal monumento es su catedral, en la plaza del Duomo, en cuya fachada descubriréis una puerta de bronce del siglo XII, de gran belleza e importancia artística y en su interior un púlpito del siglo XIII. También en la zona, ya que estáis, acercaros hasta Villa Ruffolo, una casa construida en el siglo XIII que ha llegado a ser residencia de papas y de hasta un monarca. Pasead por sus jardines y, si tenéis suerte, puede que vuestra visita coincida con el Festival de Ravello, especializado en música clásica y música de cámara.


Furore

Es un pueblo muy peculiar. Se sitúa dentro de un fiordo, rodeado de un paisaje único. Su arquitectura ha quedado marcada por su localización, y las casas se agarran a la colina y se colocan como piezas de un puzzle para conseguir el mayor espacio posible en el lugar. El fiordo es un imán que atrae a cientos de turistas y no nos extraña porque la sensación que se crea ahí es única. El pueblo en sí está en la parte superior, en una situación más cómoda para la vida de los vecinos. El momento más esperado es cuando el sol deja pasar sus rayos a través del fiordo, inundando toda la zona de la costa. Para verlo desde arriba, podéis asomaros al puente, por el que pasa la carretera. Eso sí, son 30 metros de altura, así que cuidado si tenéis vértigo.