​Los romanos ya gozaron de ellas, puesto que supieron de sus beneficios para la salud (no en vano, por aquí hicieron pasar la vía romana que unía Calagurris –la actual Calahorra- con Numantia). Las aguas termales de las pozas de Arnedillo (La Rioja), que emergen de las entrañas de la Tierra a 40º y a la velocidad de un litro por segundo, siempre gozaron de fama entre quienes buscaron en este tipo de aguas beneficios saludables.

Las pozas se reparten en dos espacios, divididos por el cauce del río Cidacos. Por una parte está el paraje al que los lugareños llaman simplemente las pozas, el balneario de los pobres o la poza de los necesitados. Cualquiera de las tres acepciones es válida y conocida para designar a los manantiales termales que, de libre y gratuito acceso brotan… a escasos ciento cincuenta metros –río mediante- del célebre balneario de Arnedillo: el Centro Termal de las Termas de Arnedillo.

Quien se decida por hacer uso de los servicios del balneario, encontrará aquí unas aguas, de propiedades clorurado-sódicas especialmente indicadas para afecciones reumáticas, tratamiento de relax, rehabilitación, medicina preventiva, tratamiento de reumatismos y alivio de stress. En cuanto a las instalaciones, no falta de nada: baños, barros, duchas y chorros, chorro subacuatico, ducha masaje, masaje en seco, inhalaciones y pulverizaciones, estufas, terma romana… y todo ello a tan sólo sesenta kilómetros de Logroño. ¿Hay mucho que decidir?

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