La arqueología descubrió restos romanos, la moda de los baños balnearios devolvió la actividad termal al lugar… y, en los tiempos modernos, unas novísimas instalaciones han devuelto todo el pasado esplendor al enclave. Este es –y ha sido- el Balneario de Carballo, en Coruña.

Enclavado en la comarca de Bergantiños, el centro termal, levantado sobre una fuente de la que brotan aguas a 42º, es un edificio de piedra, clásico, nada estridente, confortable. Aquí el viajero encuentra unas fuentes termales que, célebres desde antaño por su alto contenido en azufre, sodio y bicarbonato (además de otros elementos presentes en menor cantidad: cloro, fluor…), están especialmente indicadas para afecciones del aparato locomotor –recuperaciones postraumáticas, degenerativas, inflamatorias, articulares y metabólicas (la famosa gota)-, respiratorio, dermatológicas, digestivas y propias del sistema nervioso y circulatorio… entre otras. En todo caso, el equipo médico del centro aconsejará sobre contraindicaciones, plazos de los tratamientos.

En cuanto a la variedad de los tratamientos, no hay más que meterse en la web del establecimiento para comprobar que en Carballo hay de todo y para todos: baños quietos, burbujas, hidromasajes, piscinas termales, chorros, duchas circulares, chorros subacuáticos, pediluvios, duchas nasales y faringeas, parafangos… y, cómo no: envolvimientos en chocolate, algas y fangos…

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