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Innsbruck: qué ver y hacer en la capital de los Alpes

Pensar en los Alpes es pensar en Innsbruck. Esta ciudad austriaca, ubicada en pleno Tirol, se lo ha ganado por su ubicación y por el interés de sus calles, un lugar en el Olimpo de los destinos de invierno y es que en los alrededores se puede disfrutar de la nieve en todo su esplendor. Además, en verano, cuando el manto blanco desaparece, surge una naturaleza de un verde intenso que ofrece un gran número de propuestas para todo tipo de público que ame la naturaleza. De momento, vamos a ponernos el abrigo para descubrir la magia del invierno en Innsbruck, dejándonos caer tanto por sus principales monumentos, comercios y calles como por sus alrededores llenos de espacios para el entretenimiento y la adrenalina.

La capital de los Alpes, como se conoce a esta ciudad austriaca, es alpina, deportiva, urbana y llena de ambiente durante todas las estaciones del año. Esconde auténticos tesoros culturales como el Tejadillo de Oro, el impresionante Palacio Imperial, el Tirol Panorama o la Catedral de Santiago, entre otros. Para respirar el ambiente de la localidad nada mejor que pasear por la Maria-Theresien Strasse y pararse en los comercios de lujo que nos invitarán a traspasar la puerta para conocer una amplia oferta de productos de primera calidad. También merece la pena acercarse a alguno de los cafés de la ciudad para tomar una rica tarta acompañada de un buen café reconfortante.

Otro indispensable que es imposible de separar del nombre de la ciudad es el trampolín de saltos diseñado por la arquitecta de renombre Zaha Hadid. Domina la montaña de Bergisel, en un lugar donde ha habido una infraestructura con esta finalidad desde 1925, ya que este deporte tiene enamorado a los austriacos. En 2002 se levantó esta nueva pista que se ha convertido con el paso de los años en el símbolo de la ciudad de Innsbruck. Está diseñado para que los esquiadores más valientes den rienda suelta a sus emociones deslizándose por sus 95 metros que dan paso a saltos que superan con creces los 100 metros. Acoge importantes campeonatos mundiales de salto de esquí que pueden llegar a congregar a más de 26.000 espectadores que sufren por las caídas de los saltadores. Además, no sólo está pensado para los profesionales, sino que cualquier pagano puede disfrutar de él gracias a que se puede subir a una parte y contemplar unas hermosas vistas panorámicas del Tirol. Se puede llegar hasta su café, situado a unos 47 metros de altura.

Y ya que estamos en la nieve, no hay que desaprovechar el amplio abanico de posibilidades de las que podemos disfrutar si tenemos nuestro campamento base en Innsbruck. Los alrededores son un auténtico tesoro para los que adoren las actividades en la montaña, y más cuando las cumbres están completamente cubiertas de nieve. En los alrededores se localiza el dominio Olympia SkiWorld conformado por la unión de nueve estaciones de calidad que juntas suman 90 funiculares y remontes y más de 260 kilómetros de pistas que esperan a que los esquiadores las llenen de actividad. Para moverse entre ellas existe un esquí-bus que viene incluido en el precio del forfait que da acceso a todas las estaciones.

Así habrá que decidir a qué estación ir cada día para disfrutar de todo lo que tienen que ofrecer. Una de ellas es Nordkette, a la que se puede acceder con los funiculares Nordkettenbahen que parten desde el mismo centro de la ciudad. Un poco más alejada de Innsbruck, pero no mucho más, se ubica Patscherkofel, con pistas de gran calidad para esquiadores expertos como las que se pueden encontrar en Axamer Lizum. Si se viaja en familia, una opción a barajar para pasar el día en la nieve es acercarse hasta la estación de Muttereralm o a la de Rangger Köpfl, con servicios y pistas pensadas para los pequeños de la casa, quienes disfrutarán a la vez que aprenden los rudimentos básicos del esquí. Completan la lista de estaciones, cada una con su propia personalidad y características, Glungezer, Schlick 2000, el Glaciar Stubai y la de Kühtai. Esta última es la más alta de toda Austria, estando su base en un pueblo ubicado a 2.000 metros de altura, lo que facilita que haya nieve hasta bien entrada la primavera y también hace que quien se aloje en ella tenga los remontes a pocos pasos de la puerta del hotel, siendo cómodo y rápido acceder a las pistas.

Además de esquí alpino, Innsbruck y sus alrededores son perfectos para la práctica de cualquier deporte de invierno entre los que destacan el snowboard con opción de hacer saltos sobre nieve virgen, el descenso en trineos para toda la familia, los circuitos skimo de todos los niveles y distancias (con opción de practicar tanto la modalidad clásica como el skating) y escalada de hielo con experiencias para todo tipo de escaladores gracias al gran número de saltos de agua helados que ofrece el valle Sellraintal.


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