El Pirineo es un destino que ofrece un sinfín de atractivos durante todas las épocas del año. Sea invierno, verano, primavera u otoño, este sistema montañoso aguarda a los viajeros con un paisaje único. Pero además de su naturaleza, el Pirineo cobija numerosos pueblos con un encanto especial. Hoy vamos a conocer tres de ellos. ¿Nos acompañas?

Sallent de Gállego 

Viajamos primero hasta el Pirineo de Aragón, para aparcar el coche en Sallent de Gállego. Esta localidad se ha ganado un hueco entre los rincones más conocidos del Pirineo, ya que organiza cada verano Pirineos Sur, un festival que lleva 25 años ofreciendo la mejor música del mundo. Pero aparte del festival, que se celebra con el marco incomparable del embalse de Lanuza sobre un escenario flotante, Sallent es un pueblo típico del Pirineo con sus casas de piedra y sus tejados preparados para las épocas de nieve. Hay que caminar por su casco, subir hasta su iglesia, sentarse junto al río y medirse junto a la estatua del gigante de Sallent. Desde la localidad, ubicada en el Valle de Tena, se pueden realizar múltiples excursiones a lugares cercanos como el Balneario de Panticosa, Biescas o, incluso, uno puede perderse visitando las hermosas iglesias románicas del Serrablo

Roncesvalles 

Llegamos ahora a Navarra. Junto a la frontera con Francia se localiza Roncesvalles, lugar desde donde parte el Camino de Santiago que viene del país vecino. Envuelto de una naturaleza que lo protege este municipio navarro es un enclave en el que merece la pena hacer un alto para conocerlo un poco mejor. Además de la propia arquitectura del pueblo, uno no puede dejar de visitar la Real Colegiata de Roncesvalles, el Hospital de Peregrinos, el Silo de Carlomagno o la Iglesia de Santiago. Una visita al Museo de Roncesvalles permitirá conocer piezas como el famoso Ajedrez de Carlomagno. No muy lejos está el Parque de la Selva de Irati, un rincón especialmente bello en los meses otoñales. 

Besalú

La tercera de las paradas la vamos a hacer en Cataluña. Nada más y nada menos que en el pueblo de Besalú, un municipio que nos lleva de viaje al pasado sin necesidad de coger una máquina del tiempo. A su perfil medieval se llega atravesando su famoso puente románico del siglo XI. Una vez se está en el casco, hay que dejarse llevar por el instinto para así conocer sus intrincadas calles que nos guiarán por el Barrio de la judería y nos harán alcanzar puntos como la Iglesia Románica de San Vicente o la Plaza Mayor. Por supuesto, hay que descubrir otros lugares como los baños judíos o las casas palacio, entre las que se encuentran la de Sant Roma y Sa Font. Y todo ello a 30 kilómetros de Gerona. 

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