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Qué ver en Praga

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Praga se ha convertido por sí misma en un destino que hay que visitar por lo menos una vez en la vida. Su encanto y su rica arquitectura se mezclan con sus acogedores cafés y sus tranvías. Transportémonos hasta sus calles para respirar su ambiente único, que nos llevará a través de siglos de Historia para entender mejor qué hace de Praga un lugar tan irresistible.


La capital de la República Checa es conocida también con el nombre de la Ciudad de las Cien Torres o la Ciudad Dorada. Se le llama la Ciudad Dorada por el color de sus edificios, aunque también existe otra teoría que señala que esta denominación se debe a que en época del rey Carlos IV las torres del Castillo eran de dicha tonalidad. El segundo apelativo, el de la Ciudad de las Cien Torres, es más fácil de saber su origen, ya que cuando se mira hacia arriba, la pregunta se responde sola. La villa está plagada de torres, entre las que destacan algunas tan importantes como la ennegrecida Torre de la Pólvora (que servía de entrada a la Ciudad Vieja), la Torre del Puente de la Ciudad Vieja (una de las obras más importantes del gótico secular) y la Torres del puente en Malá Strana.


Ya poniendo el pie en tierra, Praga esconde muchas leyendas apasionantes que hacen que se cree un entorno místico en sus calles. Una de ellas es la del Golem. Según dicen los cuentos populares existe un ser de barro que toma vida de manera cíclica para defender a los barrios judíos de la ciudad. Para conocer mejor el papel de este personaje en la historia de Praga habrá que visitar la Sinagoga Vieja, donde descansa tras haber defendido la villa frente a las tropas nazis durante la II Guerra Mundial. El golem está esperando a despertarse de nuevo. Eso sí, no lo tendrá fácil porque se encuentra en una habitación sellada. Se localiza en el Barrio Judío (Josefov), una zona indispensable. Allí se pueden encontrar hasta seis sinágogas y lugares muy interesantes como el Viejo Cementerio Judío o el Museo Judío.


Otra curiosidad que uno no espera encontrarse en Praga es la amplia colección que tienen de arte contemporáneo europeo. Se localiza en la Galería Nacional de Praga, y no tiene nada que envidiar a otras pinacotecas europeas. Cuenta con obras de Pablo Picasso, Georges Braque, Auguste Renoir, Vincent van Gogh o Gustav Klimt, entre otros. Además, organizan exposiciones muy interesantes con retrospectivas de autores de renombre. Puede ser una buena opción para pasar una mañana, si sale un día lluvioso.


Huyendo un poco del centro, el viajero descubrirá un lugar con magia: el laberinto de espejos de Petřín (Zrcadlové bludiště). Es un divertido entretenimiento que se levantó en 1891 con motivo de la Exposición Conmemorativa. Se inspira en la puerta gótica de Vysehrad (ya desaparecida) y ofrece un recorrido a través de un laberinto con 50 espejos, de todo tipo. Es una posibilidad a tener en cuenta si se viaja con niños, ya que lo disfrutarán al máximo. Cerca también se puede subir a la Torre Mirador de Petřín, una estructura que rápidamente recuerda a la Torre Eiffel. Son aproximadamente 300 escalones, que al final dan como recompensa una vista sobre los tejados de Praga.


Lugares Indispensables de Praga


Siguiendo la visita, la ciudad tiene varios puntos de gran interés turístico que no hay que dejar que de ver. Entre ellos se encuentra el Reloj Astronómico de la Torre del Ayuntamiento de la Ciudad Vieja. Se construyó en el siglo XV y es de origen medieval. A las horas puntas (entre las 9:00 y las 23:00) congrega a una multitud de curiosos y turistas que aguardan para ver el espectáculo de sus figuras que representan a los 12 apóstoles con sus atributos. Pero además vienen acompañados por otros personajes como la muerte, el turco, el avaro, el vanidoso y el gallo. Las figuras actuales son tallas de madera creadas en 1948, ya que las figuras originales de barroco se conservan en el Museo de la Ciudad de Praga. Igualmente en el reloj se observan cuadrante astronómico y un disco calendario con los signos del zodiaco, añadidos con posterioridad. un


El reloj se ubica en otro de los edificios primordiales de Praga: el Ayuntamiento, que se levantó en el año 1338 para albergar el gobierno autónomo de la Ciudad Vieja. De esa época aún queda una parte de estilo gótico que está conformada por la torre con su capilla abovedada y el reloj astronómico antes citado. Parte del edificio fue derruido durante la II Guerra Mundial. Se realizan visitas guiadas a su interior, así como se pueden visitar sus subterráneos.


No muy lejos se encuentra el lugar más visitado: el Puente de Carlos, que une la Ciudad Vieja con la Ciudad Pequeña (Mala Stràna). Mide medio kilómetro de largo y 10 metros de largo. Es especialmente bonito al atardecer cuando pasear por él es una experiencia maravillosa si hay poca gente. A lo largo del puente se descubren numerosas esculturas, unas 30, de personajes importantes para la ciudad. Por supuesto, como todo puente que se precie, tiene una leyenda. Se dice que desde aquí San Juan Nepomuceno fue lanzado al agua. Pues bien, si se va a su estatua y se le pide un deseo poniendo la mano izquierda en su base, se nos concederá.


El Castillo de Praga pertenece al siglo IX y es uno de los monumentos de los que más orgullosos se sienten en el país. Es una ciudadela en la que hay que pasar tiempo caminando para descubrir todos sus rincones. Está compuesto por varios edificios y callejuelas que lo dotan de un encanto especial. No hay que dejar de visitar la Catedral de San Vito, el Callejón de Oro, el Antiguo Palacio Real y la Basílica y el Convento de San Jorge. Si hace buen tiempo, no hay nada mejor que sentarse en los bancos de sus jardines para disfrutar del sol y descansar para coger fuerzas de cara a todo lo que queda por ver.


Por último, pero no menos importante, hay que pasear por la zona de Malá Strana, la parte más bohemia de Praga, con callecitas y plazas. Destaca la Iglesia de San Nicolás, cuya cúpula tiene 60 metros. Una vez que se está allí, también se puede visitar la cercana isla de Kampa, una isla urbana de la que dicen que es el rincón más romántico de Praga.


No obstante, ésta es una ciudad pensada para caminar e ir descubriendo sus encantos. Sentarse en un café (muchos de ellos tienen una larga historia) o en la terraza de un bar para disfrutar de una buena cerveza checa es una manera de entender el encanto que la define. ¿La habéis visitado? ¿Qué lugares nos recomendaríais?

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